SS-Historias

Aguas de Triana

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Una hermandad entre dos orillas, fruto perfecto del abrazo de nuestro arrabal con el Arenal. Las Aguas del Dos de Mayo sabe a Triana. Esta es su historia.

La actual Hermandad de Las Aguas es hija de nada menos que tres corporaciones, dos del Arenal y una de ellas, de carácter penitencial, nacida al amparo del Convento de San Jacinto. Esta última, nacida en el ecuador del siglo XVIII, vivió los avatares de una época turbulenta.

El curioso origen de aquella corporación nacida en la Cava viene por una época de sequía. El Cristo de Las Aguas que se veneraba en San Jacinto atendió las súplicas de sus sedientos devotos. Al acabar con las tierras yermas y resecas, los devotos decidieron convertirse en hermandad -aquel cristo a día de hoy se encuentra en Ciudad Real-. Como curiosidad, aquel crucificado iba en tradicional viacrucis al Monasterio de La Cartuja cada año, y en sus inicios salía el Miércoles Santo, comenzando haciendo estación de penitencia a la Parroquia de Santa Ana. En aquellos primeros años, la dolorosa -entonces del Mayor Dolor- salía en el palio de la Esperanza de Triana y el crucificado en el paso del Cachorro.

aguas-san-jacintoDurante el siglo XIX, la inestabilidad política y luego el cierre al culto de la iglesia de San Jacinto hicieron que la corporación se llevara un siglo sin procesionar, a pesar de que seguía acudiendo religiosamente a los cabildos de Toma de Horas. A finales del XIX, la hermandad es reorganizada por un grupo de jóvenes, convive en San Jacinto con La Estrella y en 1892 cruza por vez primera el puente hacia el que luego sería su barrio para alcanzar la Catedral, y ya con el misterio tal y como hoy lo conocemos -excepto por la Magdalena, que aún no estaba-.

A partir de entonces, aunque la relación con los frailes de San Jacinto es cada vez más tensa, empieza el esplendor. Antonio Illanes hace un nuevo crucificado y restaura casi todo el misterio, Rodríguez Ojeda imprime su sello de gloria en los bordados de la hermandad, la corporación empieza a salir el Lunes Santo… hasta que un terrible incendio en 1942 trunca la ilusión. El fuego consume todos los logros de la corporación y la relación con el convento se rompe. Desde entonces, Las Aguas abandonarían Triana, siempe echándola de menos, para vagar por la ciudad pasando por Santiago o San Bartolomé.

Curiosamente, su reconciliación con el arrabal llegaría en forma de símbolo en 1966, cuando un casi niño Álvarez Duarte tallara a la Virgen de Guadalupe, el mismo imaginero que hoy sigue residiendo en nuestro barrio. Además, más tarde incorporaría a las Tres Caídas de Triana tras el misterio. Una banda que quiso recordar la historia del arrabal y esta hermandad ahora del Arenal con una marcha, ‘Aguas de Triana’, que puedes escuchar aquí abajo.

R.T.

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