Actualidad Tu Barrio

Año 1833, cuando la fiebre amarilla cerró Triana

Anuncio post-SS

Vivimos una época extraña. Nuestras calles, habitualmente llenas de gente y alboroto, de alegría, se visten hoy con el manto de la soledad. Tristes, vacías, grises… Sin vida.

Hace una semana que estamos confinados, que solo podemos salir para lo indispensable. La lucha contra el coronavirus nos obliga a tomar medidas extremas, una situación que, no obstante, no es la primera vez que se vive en Triana.

En este sentido, en el año 1833 la fiebre amarilla, que llegó a España por Cádiz a inicios de 1800 y causó serios estragos, sufrió un repunte años después en Sevilla, donde el primer foco se localizó en Triana. Tal fue la incidencia, que en un primer momento se decretaron cierres parciales por el alto número de defunciones, llegándose en septiembre al cierre completo del barrio.

Así reza el escrito de «Anales de Sevilla», del autor José Velázquez y Sánchez, que narra lo que entonces ocurrió:

«El día nueve de septiembre, agravándose la enfermedad en Triana, decidió la Junta evitar comunicaciones con aquel foco de insalubridad, de cuyo efecto se hizo cortar el puente, retirándose a la orilla opuesta los buques surto en los muelles del contagiado barrio.

Con este motivo, los habitantes de Triana promovieron un alboroto, que hubiese tomado terribles proporciones sin la energía del Sr. Beneito que se situó a la embocadura del puente para sostener el edicto incomunicativo, al 2º Batallón de voluntarios realistas y cincuenta plazas de la Compañía de Escopeteros que impusieron con su actitud a la turba sediciosa.

El día 10 crecieron extraordinariamente las causas de sobreexcitación en el incomunicado barrio, pues el incremento espantoso de la epidemia se agregó la falta deplorable de asistencia facultativa por fallecimiento de algunos médicos y resistencia de otros a pasar el  puente en auxilio de los míseros apestados, dándose el triste ejemplo de conducir a Triana entre bayonetas a ciertos profesores, que desatendieran las repetidas intimaciones de la Junta y las órdenes terminantes de la autoridad.

Tanto el clero, como las comunidades religiosas, dieron entonces muestras inolvidables de abnegación y heroísmo, acreedoras a señalada memoria en estos Anales, y el estado de mortalidad de las clases eclesiásticas denuncia en su elevada cifra el sacrificio generoso que impusieran en cumplimiento de sus sagrados deberes.

El convento de San Jacinto se arbitró para casa de curación de los coléricos del barrio. Pasando los frailes de dicho convento al de San Pablo en Sevilla».

Leave a Comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
X