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Cuando el Puente de Triana estuvo a punto de ser derribado

Diseño del nuevo Puente de Triana. / Archivo Histórico Provincial de Sevilla

Era una mañana de primavera, tras una madrugada de cornetas y velas encendidas por el corazón de la ciudad. La Esperanza de Triana regresaba por el puente hasta el arrabal cuando, al paso de los costaleros y con la alta afluencia de público, el puente decimonónico comenzó a temblar más de lo normal provocando algunas escenas de pánico entre los presentes.

Aquel temblor de la estructura del puente se produjo en la Madrugá de 1974, hace ahora 45 años. Y tras aquella noche, al llegar a la Capilla de los Marineros, la hermandad de la calle Pureza envió una carta al delegado de Obras Públicas de la provincia contando lo sucedido. En esa carta dice lo siguiente: «En la madrugada de referencia y cuando el paso de la Santísima Virgen se encontraba parado en la mitad del citado Puente de Triana, este empezó a experimentar ciertas vibraciones que nos alarmaron por su intensidad, hasta el extremo que tuvimos que sacar dicho paso del puente con la máxima celeridad». Además, en el citado documento explican que una vez que entró la cofradía llamaron por teléfono a las hermandades de La O y El Cachorro para contarles lo sucedido y que estuvieran advertidos.

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Aquella Madrugá resucitó un plan que se había puesto sobre la mesa por primera vez en los años 60: derribar el decimonónico Puente de Triana para levantar uno nuevo. La solución era iniciativa del Ministerio de Obras Públicas y el nuevo puente iba a ser de hormigón pretensado. La obra que seguía el sistema del francés Polonceau estaba a punto de ser historia debido al avance de los tiempos: el Puente de Triana no estaba preparado para el intenso tráfico rodado a motor que no existía cuando se construyó el puente, y su estructura se estaba resintiendo. Y ese nuevo puente no iba a parecerse en nada al que había, con una línea más similar al actual Puente de San Telmo.

Cuando el proyecto sobre el derribo y el levantamiento de un nuevo puente llegó de vuelta a Sevilla, en principio el ayuntamiento no se opuso. Pero fue entonces cuando la noticia saltó al gran público, y desde la sociedad y el Colegio de Arquitectos se expresó el rechazo al plan previsto. Por ello, se acudió a la Comisión de Patrimonio que, tras su estudio, aceleró el proceso para declarar el puente Monumento Nacional y proponer un plan que arreglara las deficiencias del puente respetando su fisonomía. Esta iniciativa fue apoyada por el Ministerio de Educación y Ciencia.

Así que el alcalde, Juan Fernández, dio marcha atrás y encargó al ingeniero Juan Batanero un nuevo informe sobre el puente. En poco tiempo, el ingeniero presentó su propuesta, que implicaba conservar los elementos fundamentales del puente pero modificando algunos elementos. El proyecto consistió en reforzar los pilares y la instalación de un tablero autosoportable a través de dos vigas de acero que repartían los esfuerzos sobre los pilares, con lo que la estructura de los aros y arcos del puente se quedaron como elementos decorativos. Aprobado en pleno, así terminó la disputa por la conservación del puente, que hoy seguimos viendo como icono del arrabal y una de las joyas de la ciudad.

M.P.M.

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