Gastronomia

El Sella: El banquete asturiano de la calle Pureza

El Sella es un río, pero también un lugar de Pureza en el que enamorarse de la Asturias de los platos desbordantes. Os contamos nuestra experiencia.

Dice el relato, a caballo entre la realidad y el mito, que fue un caballero de Avilés llamado Rui Pérez el que colocó ante sus barcos unas gigantescas sierras para cortar las cadenas que bloqueaban el Guadalquivir en la conquista cristiana de Sevilla. Como el quiebro de aquellas cadenas que unían la Torre del Oro con la torre de la que hoy solo guardamos el recuerdo en el nombre de la calle Fortaleza, El Sella ha venido a romper la uniformidad gastronómica de la calle Pureza, antigua calle Larga de Triana. Si hay algo en lo que toda España esté de acuerdo es que los asturianos de comer y de guisar saben un rato.

Incautos nosotros, creímos que estábamos reservando mesa aunque no hacía falta. Primer error al entrar al restaurante: es sábado y la única mesa libre que queda en el comedor es la nuestra. El trasiego de camareros es intenso y hay un ambiente de disfrute en las mesas que nos dice que va a ser una buena noche. Aunque aquí cocinan a la asturiana y a la andaluza, preferimos centrarnos en los sabores del norte. Decidimos empezar por un queso picón de 14 kilos que tienen fuera de carta, y nos ponen por delante una gran rebanada de este producto que tiene potencia sin llegar a ser un Cabrales. Delicioso e intenso. Punto a favor la atención del equipo de sala, que antes de que se nos acabe el pan, nos ha traído más para poder seguir comiendo.

Como siempre hacemos, el buen testeo de una carta -sea el restaurante de la región que sea- pasa por pedir ensaladilla y croquetas. En el caso de la ensaladilla, quizás no sea muy canónica, pero tampoco somos nosotros guardianes de las esencias por norma. Al sentarse a la mesa es mejor dejarse sorprender. La ensaladilla de El Sella es de pulpo y tiene un sabroso regusto a pimentón que te hace salivar. Sobre la mesa, para acompañar, ya tenemos la botella de sidra natural con el escanciador eléctrico, lo que le da un toque divertido e interactivo a la cena. En cuanto a las croquetas, decidimos pedir un surtido que incluye el arrojo de las croquetas de cabrales, la suavidad de las de pixín -rape y langostinos- y unas últimas muy potentes de chorizo, morcilla y lacón. Caseras y bien hechas y fritas, nada que objetar.

Es el momento de sacar la artillería, y llega a la mesa el cachopo. Según afirman en este restaurante, las carnes vienen de Asturias cada semana. Hay dos cachopos, pero como vamos con una amiga que los quesos potentes mejor ni verlos, somos solidarios y elegimos el cachopo tradicional que lleva un queso más suave. Para lo que no sepan lo que es el cachopo, es un ambicioso sanjacobo -por así decirlo- que supera todas las expectativas. Los que se sirven en Asturias muchas veces tienen el tamaño de una bandeja, pero agradecemos que el de El Sella tenga un tamaño más comedido y podamos probar más cosas. Aunque un cachopo siempre es una alegría para el cuerpo, el de este restaurante está muy bueno pero quizá quedó eclipsado por lo que estaba por venir.

Y es que pedimos para compartir un plato de cuchara de los que te reconcilian con la Humanidad. El pote con berza es untuoso y sabroso. ¿Que no es para una cena? Qué sabrá Neruda. Las cucharas se entrechocan en el plato, y las habas con la berza nos llevan a la intimidad de los fogones del hogar. El caldo del guiso, espeso y sabroso por el regusto que han dejado la morcilla, el chorizo y el lacón, es para rebañar. Y la legumbre está tierna pero aún con cuerpo, como debe ser.

Como cierre, era justo pedir algo de carne. Y ahí llega la picaña -que para comer lagartito o presa, ya hay sitios suficientes-, que hilvana con equilibrio el crujiente del exterior con la jugosidad y ternura en su interior. Y bien por la guarnición que muchas veces se transforma en los restaurantes en un adorno innecesario: Pimientos de Padrón, patatas panaderas y tomatitos asados muy jugosos. Y terminamos con un toque vintage pidiendo el surtido de postres caseros.

El Sella se sitúa como un lugar en el que darse un homenaje gastronómico con el amor de las recetas del norte. No solo salimos satisfechos, sino también con la sensación de haber saboreado Asturias sin alardes ni objeciones. Un triunfo de los hijos de Covadonga en la calle de la Esperanza.

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