La maravilla secreta del Victoria Eugenia

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Centenario edificio y escuela del azulejo, el colegio Victoria Eugenia es una maravilla regionalista camuflada tras blancos muros en el corazón de Triana. La buena noticia de la rehabilitación y apertura al barrio de su fantástico teatro nos invita a recorrer la historia de este regalo de Aníbal González y Luca de Tena al pueblo trianero.

Abierto en 1909, este edificio que puede pasar a veces desapercibido para los trianeros enclavado en la calle Pagés del Corro esconde secretos arquitectónicos y artísticos dignos de mención. Aunque ahora lleva el título de José María del Campo, por uno de sus directores más ilustres, la Triana antigua sigue llamándolo Victoria Eugenia. En su construcción no cobró Cayetano Luca de Tena, que lo regaló al arrabal, ni tampoco el arquitecto Aníbal González, que en aquellos momentos ya estaba soñando uno de sus proyectos más ambiciosos, la planificación de Ciudad Jardín y Nervión como un poderoso ensanche de la ciudad.

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Aníbal González, obsesivo en sus proyectos, comprometido hasta soltar el último aliento, llegó incluso a diseñar los pupitres. De su labor y de la de los que le sucedieron queda la azulejería repartida de manera soberbia por todo el recinto y el suelo de losetas hidráulicas. Los carteles sobre las puertas, los zócalos de los pasillos… el azulejo como seña trianera para un colegio que derrocha Triana por los cuatro costados. Y es un colegio eficiente en cuanto a la energía, ya que González diseñó un sistema de ventilación basado en las corrientes de aire con pasadizos y rejillas que regulaban la temperatura en el interior; y el arquitecto aprovechó toda la luz natural posible creando grandes ventanales.

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Y no olvidó nunca la idea de que el colegio fuera algo para el barrio, y por eso diseñó la biblioteca del centro como una entidad independiente con acceso directo desde la calle. El patio, con grandes dimensiones, también fue concebido como una plaza pública para el disfrute de los vecinos, no solo para uso recreativo escolar. En las escaleras, mucha línea curva y barandillas curvas que lo acercan a esa forja revolucionada por la obra de Antoni Gaudí -a pesar de que poco tenían en común ambos arquitectos en su concepción de los edificios-.

Pero centrémonos en el salón de actos que será objeto de restauración en los próximos meses para gloria de Triana y disfrute de los trianeros. Hablamos de un salón no demasiado grande: 15 metros de largo por 5 de ancho. Pero Aníbal González lo revistió como si fuera un gran auditorio. El techo es una verdadera maravilla en la que, entre coronas de flores, los frescos rinden tributo a los grandes dramaturgos españoles. En la parte alta y posterior, una barandilla de madera asemeja este teatro a un caprichoso corral de comedias, y su escenario presume de un marco en rojo y oro con escudo real incluido haciendo de esta sala una ostentosa joya (Cabe mencionar que el único otro auditorio que construyó González también es una joya secreta, y se encuentra en el interior del edificio de Capitanía, en la Plaza de España).

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Parece mentira que este teatro, junto al resto del edificio, estuviese a punto de ser demolido en 1967. Milagrosamente, se salvó de la piqueta, siendo restaurado a finales de los años 70. Ahora su teatro va a tener actividades culturales de nuevo y será devuelto a quien siempre perteneció desde su construcción: a los trianeros.

Fuentes: Triana en la red, Junta de Andalucía y Julio Domínguez.

Miguel Pérez Martín

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